¡Hola y bienvenida a este espacio!

Soy Valeria, terapeuta de lenguaje y una mujer bastante normal que aprendió a seguir sus sueños.

Estoy felizmente casada, tengo una perrita hermosa llamada Constantine y, aunque todavía no llegan los hijos, deseo algún día convertirme en mamá. Amo profundamente a Dios y reconozco que sin Su guía jamás habría encontrado el camino que hoy recorro en mi vida profesional.

Mi historia con la discapacidad y el lenguaje comenzó cuando tenía alrededor de 14 años. Vi una película sobre un niño ciego y algo en mí se conmovió profundamente. Sentí una inclinación muy especial hacia los niños con discapacidad, lo que en aquel entonces conocíamos como “educación especial”. Desde ese momento comencé a investigar y descubrí un mundo que despertó completamente mi vocación.

A los 15 años entré como voluntaria a una escuela de educación especial. Por mi edad e inexperiencia, fui asignada como apoyo en el salón de manualidades junto a la maestra Esmeralda. Y aunque parecía algo sencillo, para mí fue un descubrimiento maravilloso.

Pasaba mis mañanas ayudando a niños con discapacidad a pintar, hacer manualidades, coser y desarrollar habilidades que muchas personas podrían considerar pequeñas, pero que para nosotros eran enormes logros. Recuerdo la emoción de celebrar cosas tan simples —y tan valiosas— como lograr que un niño tirara la basura en el cesto correcto. La maestra Esme celebraba cada avance con una alegría contagiosa, y yo llegaba a casa emocionada queriendo contarle todo a mis papás, quienes siempre apoyaron y alentaron mi vocación. Permanecí cerca de dos años en esa escuela, y esa experiencia marcó mi vida para siempre.

Más adelante estudié la Licenciatura en Intervención Educativa y, naturalmente, todos mis proyectos, prácticas y diseños curriculares estuvieron orientados hacia el área de discapacidad y lenguaje. Durante mis prácticas y servicio social tuve la oportunidad de trabajar en una escuela de educación especial e incluso cubrir un grupo como maestra suplente.

Fue ahí donde descubrí algo que cambiaría mi rumbo profesional: muchos de mis alumnos no hablaban.

Recuerdo sentirme impotente. Pensaba: “¿Cómo voy a enseñarles si no puedo comunicarme con ellos?”. En ese momento entendí que quería ayudarlos a encontrar su voz, pero también entendí que no tenía las herramientas suficientes para hacerlo. Comencé a investigar por mi cuenta y, como muchos profesionales en formación, cometí errores. En aquella época uno de los pocos recursos a mi alcance eran las famosas praxias orofaciales. Sí, hacía ejercicios de lengua, soplo, besos y burbujas esperando que apareciera el lenguaje… y no ocurrió.

Hoy entiendo por qué.

Y aunque ahora mi práctica clínica está basada en evidencia y aquellas técnicas ya no forman parte de mi intervención habitual, agradezco profundamente ese proceso, porque me enseñó algo muy importante: nunca dejar de aprender.Aun así, seguí acompañando a mis alumnos y organizando talleres para padres, tratando de enseñarles cómo apoyar a sus hijos. Aunque siendo sincera, siento que ellos me enseñaron más a mí.Esa experiencia me llevó a tomar la decisión que definiría mi camino: especializarme en lenguaje.

Así fue como estudié una maestría en Patologías del Habla y Lenguaje. Aprendí muchísimo durante mi formación, pero nada me ha enseñado más que la práctica clínica y cada paciente que ha llegado a mi consultorio.He tenido la bendición de acompañar a niños y familias con diagnósticos muy diversos. Algunos pacientes tomaron otros caminos terapéuticos y otros permanecieron conmigo durante años, y a todos les guardo un profundo agradecimiento.

Mis primeros pacientes ocuparán siempre un lugar muy especial en mi corazón porque crecimos juntos: ellos aprendiendo a comunicarse y yo aprendiendo a convertirme en la terapeuta que quería ser.Durante un tiempo atendí dos consultorios: uno en Morelia y otro en Uruapan. Viajaba cada semana para atender a mis pequeños pacientes.

Más adelante, por motivos laborales de mi esposo, tuvimos que mudarnos definitivamente a Uruapan. Cerré mi consultorio en Morelia y continué atendiendo en línea a varias familias que decidieron seguir conmigo, algo que siempre agradeceré profundamente.

Con los años me he especializado especialmente en hablantes tardíos y en el diseño de programas de intervención para niños con dificultades en el desarrollo del lenguaje. Porque aunque a veces el lenguaje tarda por falta de estimulación, en muchas otras ocasiones existen trastornos del lenguaje o condiciones del neurodesarrollo que necesitan ser comprendidas y acompañadas de manera adecuada.

Actualmente acompaño a niños y familias en procesos relacionados con lenguaje, habla y neurodesarrollo, siempre buscando que cada pequeño encuentre una manera funcional, auténtica y significativa de comunicarse. Creo profundamente en una intervención respetuosa, individualizada y basada en evidencia, trabajando siempre de la mano con las familias.

Soy Licenciada en Intervención Educativa y cuento con una Maestría en Patologías del Habla y Lenguaje. Atiendo de manera presencial en Uruapan y también en modalidad en línea.Esta área me apasiona profundamente. Amo aprender, seguir formándome y descubrir nuevas maneras de ayudar a mis pacientes. Pero, sobre todo, amo crear conciencia sobre la importancia de darle voz a quienes necesitan ser escuchados, porque todos, absolutamente todos, tenemos algo que decir.

Si eres mamá, te abrazo. Sé lo agotador, confuso y doloroso que puede ser no entender por qué tu pequeño aún no habla, recibir distintos diagnósticos, escuchar opiniones diferentes y sentir miedo ante lo desconocido. Quiero que sepas que no estás sola en este camino.Y si eres —o sueñas con ser— terapeuta de lenguaje, también te abrazo.

Te espera una profesión profundamente hermosa, llena de gratificación y pequeños milagros cotidianos. Pero también será un camino cansado, desafiante y de aprendizaje constante. Habrá días difíciles, pero nunca olvidarás la primera vez que un niño diga “mamá”, haga contacto visual para comunicarse contigo o logre expresar algo que llevaba tanto tiempo guardado. Y entonces entenderás que todo vale la pena.

Gracias por llegar hasta aquí y permitirme compartir un poco de mi historia contigo.
-Vale

Hablemos juntas

Quieres compartirme tu historia, con gusto te leo.